Comenzemos a relacionar nuestro problema y los conceptos. En varias ocasiones, cuando el tráfico es insoportable, la policía trata de mantener el orden insitando a los conductores de los micros a que no se paren en lugares que no sean paraderos autorizados, ya que hacen que el tráfico sea terriblemente insoportable para algunos. La libertad que creen tener algunos conductores para sobrepasar las reglas de transporte podría tildarse como la libertad individual que tienen los conductores de asumir una responsabilidad con respecto a las reglas, cosa que no ocurre. Veamos un ejemplo: muchas veces, los conductores ven al policía que les grita que avance, para poder descongestionar el tráfico; este no ve que los pasajeros siguen subiendo, y algo terrible podría pasar: un pasajero a punto de subir se podría caer o a su vez, en su intento de querer subir de todas maneras al bus, podría hacer que los otros alumnos subiendo sean lastimados indirectamente o directamente, ya sea por la rápida aceleració del micro o por la imprudencia de unos alumnos con otros. Ya sea por cualquiera de las dos razones, la libertad de cada uno juega un papel importante aquí, sea la libertad del conductor para sobrepasar las reglas sin ver sus consecuencias o ya sea por la libertad del alumno que intenta sobrepasar a los demás, de un modo figurado, para poder subir al transporte.
Por otro lado, está el pluralismo moral, también podría relacionarse de muchas maneras con este problema de seguridad del alumnado y el exceso de tráfico. Como se ha dicho antes, el tráfico puede llevar a accidentes lamentables por la falta de responsabilidad del conductor o de cualquier alumno con apuro. Así, también existen conductores que no rompen las reglas, sino que se adaptan a ellas y a las reglas que les imponen los policías de tránsito; tratando así de que las diferentes opiniones se turnen en una sola: no incitar a la gente a tomar el carro en paraderos no autorizados y no seguros, estacionando el micro justo en esos lugares como para que la gente se empuje entre ellos, corriendo a ver quien alcanza el primer sitio. Además de incrementar el tráfico, debido a que el micro esta estacionado, otros que le siguen harán lo mismo y esperarán a que su unidad se llene, no pensando en que también hay otros vehiculos esperando. Son estas situaciones las que hacen que el pluralismo moral no funcione de la manera correcta, porque nunca alcanzamos un mínimo de coincidencia. En este caso, el mínimo sería entre el policía y el conductor o entre las responsabilidades de tanto el alumno como el conductor, para que así sea bueno y correcto para el trabajo del policía de tránsito como para el trabajo del conductor.
Tampoco hay que olvidarnos de la seguridad del alumnado en horas de tráfico fuerte. Por ejemplo, hubo una situación en que una chica estuvo a punto de ser atropellada por un carro a toda velocidad cruzando de la UPC al frente para tomar su carro. Se podría implicar que el carro tenía prisa o podríamos deducir que el conductor simplemente no vio o estaba ebrio; en fin, se pueden llegar a muchas conclusiones que harían al conductor el total culpable del casi accidente fatal en puertas de la universidad. Muchas veces pensamos que nuestra libertad puede no tener límites, pues la libertad es individual de cada uno, según la modernidad. Esto puede hacernos creer que, como no hay semáforos por el sector de la universidad, uno puede ir a una velocidad no tan moderada y ocasionar sucesos que podrían ser lamentables. A su vez, la seguridad de cada alumno tiene que ser responsabilidad de la entidad académica tanto como la de los policías de tránsito. Puede verse como un problema fácil de arreglar con una iniciativa propia de la entidad, pero el apoyo y soporte de cada uno de los implicados en el problema debe ser óptima, es decir, debe haber un pluralismo moral definido.
No obstante, es necesario ver que tanto nuestro problema se relaciona con la ética de mínimos. Por ética de mínimos entedemos las exigencias mínimas que debemos plantearle a cualquier persona para que no se vea comprometida nuestra dignidad como la de ellos. Lo cierto es que este problema nos hace ver algo: necesitamos que halla una iniciativa, algo que permita que la seguridad de nosotros, los alumnos, se vuelva el mínimo común entre todos los interesados. Con interesados me refiero a tanto los policías de tránsito, los conductores y la entidad académica que se asegura de velar por nuestra seguridad. La entidad académica, que en este caso es la UPC, ha tomado acciones en el asunto, para poner fin a el tráfico pesado y a posibles accidentes pensando en la seguridad del alumnado; por ejemplo, la ampliación de los carriles de tránsito, para que los carros no se queden parados en un lugar cuando los micros recogen alumnos u otras personas; otra sería la construcción de paraderos autorizados para no tener problemas de un arranque precipitado del micro y que ocurra un lamentable suceso. Fijémonos en la relación de los mínimos con esta iniciativa ciudadana: por un lado, se ve que mediante esta iniciativa ciudadana se podrá llegar a mínimos comunes entre todos los interesados. Es decir, tanto los alumnos como la universidad querían poner fin a este problema de seguridad propia y tráfico insportable, compartiendo la misma idea de proteger los derechos humanos (mínimos éticos), en este caso, la seguridad, mediante la ampliación de los carriles, paraderos autorizados, etc. Así, se llegaría a una convivencia que aseguraría el bien común de todos los involucrados en el sector universitario.
Por supuesto, la relación con la ciudadanía no puede faltar en este tipo de problema social, ya que toda iniciativa ciudadana para erradicar el problema, debe empezar por el rápido apoyo entre todos los ciudadanos.